La Ruta de las Altas Montañas se distingue justo por la magnificencia del Pico de Orizaba, sus hermosos bosques y su sabia gastronomía.

La naturaleza se extiende en su máximo esplendor en la Ruta de las Altas Montañas, pero recorrerla también te llevará a un mundo de sabores y aromas gracias a su gastronomía. Esta comprende tres paradas imprescindibles: Coscomatepec, Jalcomulco y Orizaba.

La primera es un Pueblo Mágico que brilla por su historia, además de ser un máximo representante de la talabartería, su gastronomía es una representación de sabores y aromas que remiten a la montaña. Sus platillos poseen una combinación de hierbas como la tlanepa, de semillas como el maíz y el frijol, frutos como el chile y las cebollejas (pequeñas cebollas que se dan mucho en la zona). Cada una es reflejo de la herencia culinaria que los caracteriza, y representa la fusión de elementos europeos y africanos. Disfrutarás de increíbles sensaciones en cada comida.

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Al ordenar no dejes de probar el chileatole de frijol tierno o gordo, elaborado con tlanepa o hierba santa; el esquimole, a base de maíz martajado; el tapado de pollo, que es una combinación de especias que logra un sabor agridulce; el chileatole de flor de izote (solo se prepara en temporada); los tamales de frijol y flor de izote, y el chicharrón estilo Coscomatepec. Y para cerrar una deliciosa comida, elijan para el postre unas panelitas de coco y cacahuate, o qué tal unos dulces de manjar, merengues, jamoncillos de pepita y de cacahuate, cocadas cocidas al horno, duraznos negros o pasados, higos rellenos de coco o vacíos, o unos gaznates.

En la segunda parada, debes dedicarle un día a la capital del rafting: Jalcomulco, que es conocido así por localizarse en los márgenes de la vertiente del río Pescados. Su gastronomía tiene un gran estandarte, que es el acamaya (camarón gigante de río que se prepara en salsa verde o enchipotlado), seguida por las crucetas y los cactus alargados, que son de consistencia más suave que el nopal y se preparan en caldillo de chile seco o con huevo, y los tamales de flor de izote. Un placer digno de compartir.

Orizaba es la tercera parada. Aquí llegará el momento en que no sabrás qué pedir entre todas las maravillas gastronómicas que posee, pero puedes comenzar por probar el tesmole de barbacoa de res o pollo, el chileatole verde con carne de chivo, o el chileatole rojo con camarón. Otra gran opción son sus pambazos con carne y queso de hebra, las empanadas, las picadas, las memelas, las gorditas, las tostadas y las garnachas.

Y si eres temerario, ve a la zona de Huatusco y Zongolica y atrévete a probar los platillos preparados con hormigas chicatanas (tostadas con chile verde y manteca). Ahora que si prefieres algo “más común”, debes degustar las tortas de pierna, que se han convertido en una tradición en Orizaba.

No puedes dejar la ciudad sin probar el chayote (alimento típico de la zona) en sus distintas presentaciones: salado o dulce. Nuestra sugerencia es que lo disfrutes endulzado con piloncillo y lo acompañes con un delicioso café, ya que esta región es una de las principales franjas cafetaleras del estado y del país.

No te preocupes por los kilos de más que se reflejarán en la báscula a tu regreso, son vacaciones y debes gozarlas al máximo.