Aquel que no ha ido al otro extremo del país a comer y beber, no sabe de lo se está perdiendo. Es simplemente una de las mecas de la gastronomía, la enología y el producto. Su cercanía con Estados Unidos provoca una cultura fronteriza de intercambio culinario masivo del cual ambos países han sido beneficiados en múltiples sentidos: desde el surgimiento de la cultura cervecera hasta el impacto que ha tenido en cocineros el estar en contacto con ingredientes de ambos lado. Por último y no menos importante, el volverse la región vinícola por excelencia de nuestro país catapultó el crecimiento de los restaurantes que ahí han surgido y sin los cuales, no se entendería la revolución gastronómica que ha ocurrido en México en los últimos quince años. Si planeas una visita, estos son los lugares donde no puedes dejar de comer.

Manzanilla, Ensenada

Los chefs Solange Muris y Benito Molina fueron los primeros en abrir un restaurante de este tipo en Ensenada, una ciudad en la que lo que sobraba era buen producto pero faltaban restaurantes para comer como Dios manda. Son los responsables de traer al mundo genialidades como el taco de sardina o el pipián con alga. Date una vuelta e inicia la noche con su famoso gin tonic y sólo, déjate llevar.

Manzanilla

Laja, Valle de Guadalupe

Anuncio

El chef Jair Téllez fue el primer cocinero en abrir un restaurante en el Valle de Guadalupe y muchos lo calificaron de loco por aventarse a hacer un proyecto de esa magnitud donde lo único que había eran viñedos. Más de una década más tarde, se ha convertido en visita obligada por varias cosas pero lo más importante es que fue de los primeros restaurantes en los que el menú se planea enteramente con base a lo que ofrece su huerto y la frescura de los ingredientes. Ahí comerás y beberás como en ningún otro sitio.

 

Los Compas, Tijuana

Se conocieron cuando ambos concursaron y compartieron habitación en Top Chef México y lo que comenzó como una fuerte amistad se convirtió en una exitosa sociedad culinaria. Se trata de los chefs Mario Peralta y Juan Cabrera quienes unieron fuerzas para abrir este restaurante en Tijuana con la premisa de mostrar los sabores del maíz a los habitantes de la frontera. Sus bagajes culturales se complementan a la perfección —Mario un chef fronterizo y Juan un cocinero que domina los sabores del centro del país—. Las tortillas hechas a mano con maíz de primera calidad son la mejor carta de presentación para un lugar donde taquear es una experiencia de otro nivel.

Los Compas

Deckman’s, Valle de Guadalupe

Algo curioso pasa en este restaurante, el que pone un pie ahí se adentra en un mundo donde no hay preocupaciones, sólo bellos atardeceres, postales con girasoles, mucho vino y la mejor cocina de producto con el sabor que sólo la parrilla puede brindar. No hay forma de que comas o te lo pases mal. La mayoría de los ingredientes son producidos localmente —desde los vegetales, el vino, hasta la proteína animal—. No se puede ser más sustentable y rico que esto.

Deckman’s

Fauna, Valle de Guadalupe

Con apenas un año de vida, el restaurante de los chefs David Castro Hussong y Maribel Aldaco Silva ha tenido un crecimiento alucinante debido a su fresca propuesta. Con él al mando de la cocina salada y ella en la dulce, han sabido capitalizar su exitosa mancuerna para lograr una carta balanceada, repleta de sabor y con una ejecución impecable. Obligados son ya los callos con puré de berenjena, el borrego con chilhuacle rojo y el pato. Imperdible.

Fauna

Finca Altozano, Valle de Guadalupe

Se le conoce como el lugar para ver el mejor atardecer del Valle, pero este restaurante del chef Javier Plascencia es mucho más que eso. Comenzando por el pan, su cocina de asador permite encontrar otros matices a los ingredientes locales como el borrego lechal, los pimientos morrones, el tuétano rostizado, el lechón en caja china o el pastel de elote a las brasas. Si eliges comer ahí, prepárate para un lugar diseñado para las sobremesas largas. Esa vista lo merece.